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jueves, 27 de septiembre de 2012

¿Porqué ser un AE's por la paz?


¿En que tipo de paz creo?
En primer lugar, soy de la personas que creen en los “llamados”; ¿Qué tipo de “llamados”? Existen, o más bien, a la largo de la historia se han conceptualizado el término llamado de diversas formas y colores. Como teólogo, me han enseñado que existen varios tipos de llamados en el marco del mundo bíblico, o sea, en los relatos que se presentan tanto en el Antiguo Testamento, como así también, en el Nuevo Testamento.
También, y de gran importancia para este relato, las diversas interpretaciones que se han ido construyendo y desarrollando a lo largo de todas la historia de la (s) teología (s) cristiana (s), interpretaciones y hermenéuticas, claro está, sesgadas y matizadas por un sin fin de construcciones culturales, sociales, religiosas y económicas.
Pero lo que nunca me explicaron, es cuándo sucedería ese llamado y de quien quienes sería... Jesús llamaba en nombre de... Dios...
Hace más de siete años que reflexiono teológicamente de forma sistemática y pragmática... Hace algunos años más que reflexiono teológicamente... Estas afirmaciones nacen de un proceso, o mejor aun, de varios procesos.
La primera vez que “analicé” un texto de la Biblia, abre tenido unos seis años; mis padres me habían comentado que Papa Noel no existía, que eran ellos. Debía certificar tal afirmación, por lo cual me dije: “si son ellos, entonces sus nombres deberían estar en la Biblia”. Fue mi primera gran crisis de fe. Con el correr de los años, encontré a un profeta Amos muy parecido a mi padre, y a una gran Sahra que me recordó mucho a mi propia madre.
Desde ahí voy a la iglesia, algunas veces fue por obligación; otras por alegría y convicción.
En la iglesia conocí a grandes personas, hermanos de la vida, amigos y amigas que me acompañaron, rieron y ríen conmigo. Pero también, y porqué la vida es vida, y el mundo y los seres humanos somos frágiles, y la iglesia y los creyentes somos justos y pecadores, experimente las más grandes desilusiones de mi historia: egoísmo, codicia, sed de poder, individualismo, llantos, tristezas, peleas, angustias y dolor...
En esta tensión fui creciendo, y cada vez creía menos, cada vez me sentía más alejado de alguna esperanza adolescente que en otro tiempo experimente; porque las realidades se abalanzaban encima mio, y yo solo percibía dolor, relatos de que en otro tiempo había sido mejor, que la sociedad va de camino a una anomía inminente.
Y en esa profunda crisis, sin llamado aparente ni ideas certeras, comencé mis estudios de teología, allá por el 2006.
La vida, la Biblia, la comunidades donde he disfrutado y servido, el amor, el dolor, las realidades mediatizadas por la falta de demora, la impaciencia, la música, el arte y la lectura, me han hecho sentir y me han demostrado que la muerte no triunfa sobre la vida, que no importa cuál sea el nombre de mi dios, que durante mucho tiempo hemos construido dioses malos y dioses buenos, que si veo a un hermano o una hermana sufriendo, primero le extiendo mi mano y le ofrezco mi ayuda, que no quiero ser mejor o peor que otros, porque solo quiero ser, y me duele el corazón y el cuerpo cuándo veo que la muerte comienza a reinar de forma arbitraria y por la lujuría de seres humanos enfermos y vacíos... Aunque el pesimismo me suele inundar, la esperanza me rescata y me muestra que la paz vuelve a tejer la relaciones quebradas, cura heridas, levanta a los caídos, cura a los enfermos y resucita a los muertos.
Creo en una paz que comienza en el encuentro con los diferentes y las diferentes de esta tierra, en el encuentro con un Otro y una Otra que todo lo renueva, otros y otras que como yo, creen que podemos re-construirnos a través de vínculos de amor, y no de odio.
Cada noche cierro mi ojos y recito algunas palabras, en silencio, intento comunicarme con algún Dios que alguna vez me prometió que la paz y el amor reinarían sobre este mundo. Por la mañana, abro los ojos y sonrío y pienso que solo fue un sueño; pero no dejo de sonreír, porque soy un pequeño ser humano que tiene sueños y cree en ellos.

Jonathan Michel


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